Tu vida nunca va a ser perfecta, y deberías alegrarte por ello.

Acéptalo. Tu vida nunca va a ser completamente perfecta.

Alégrate por esa imperfección lo más posible. En el momento en que la aceptes, desaparecerá la mitad del estrés que sientes por no poder hacer que todo vaya como quieres.

Esta es la historia de tu vida y siempre va a ser imperfecta. Tu vida es un juego apasionante, siempre incompleto, siempre con muchos posibles desenlaces, siempre sujeto al cambio y al tiempo.

Las cosas no siempre saldrán de acuerdo al plan. 

La gente no siempre te va a comprender.

Te van a escuchar mal, recordar e interpretar mal mucho de lo que digas.

Crearán su propia idea y opinión de ti, no importa qué tan claro trates de representarte.

Tu éxito se puede convertir en fracaso. Tu riqueza puede volverse pobreza.

Los que amas te pueden abandonar. Los problemas que se resuelvan pueden generar nuevos problemas.

No importa qué tanto o qué tan poco poseas, siempre podrás tener más o perder más.

Es así de simple, así de cierto: la historia de tu vida nunca funcionará exactamente como tú desearías que sucediera.

Incluso si todo funcionara a la perfección, lo que sea que eso signifique para ti, siempre estarás aquí, en este momento, ahora.

Este es el único lugar donde las cosas “pueden funcionar”, si es que alguna vez lo hacen. Y de hecho, las cosas ya funcionaron, están funcionando justo ahora, más allá de todos los objetivos y complicaciones que tú veas en el plano general de tu historia.

Por este momento no hay una meta, no hay imagen de perfección, las comparaciones no tienen sentido, no existe el “debería” ni el “no debería”, y las ideas, sensaciones, sentimientos, sonidos y olores que hay ahora son justamente los apropiados, maravillosamente indicados, hermosamente sincronizados y completamente bienvenidos.

Para este momento en la película, justo este momento, ya tienes todo lo que necesitas. Olvídate del guión, olvídate de querer ser el director de tu vida. Sé el actor, el actor que hace lo mejor con lo que se le da a cada momento. Que disfruta cada interacción con las personas, los paisajes, el viento, los sonidos.

Sin obsesionarte con cambiar el guión de la película, ¿cómo puede estar mal este momento? Sin aferrarte a un plan, ¿cómo puede ir tu vida no saliendo de acuerdo al plan?

Nunca vas a encontrar todas las soluciones y mejoras que quieras para tu vida. Pero darte cuenta de que tus planes no van a funcionar, y de que no hace falta que funcionen, es el único alivio que necesitas ante todos los problemas y situaciones que parecen desbordarte.

Permítete ser imperfecto. Permítete vivir en ese lugar profundo y sagrado que es el presente, ese lugar donde las cosas son como son.

Porque sí, tu vida es un desastre imperfecto, pero es un desastre imperfecto que es perfectamente divino, una obra sagrada de arte, aunque a veces lo olvides.

Si te regalas a ti mismo este momento, permitirte vivir por un minuto en el presente, la humillación que sientes por todos tus fallos se convierte en humildad ante la grandeza de la vida, y todo lo que queda es caer de rodillas en gratitud por todo lo que se te ha dado, y lo que se te ha permitido conservar.

Artículo escrito originalmente en inglés por Jeff Foster | Foto por Alessio Lin