¿Qué pasaría si nadie necesitara tu ayuda?

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Todos los días imagino un mundo en el que todos los seres están realizándose, viviendo su sueños y desarrollando su potencial creativo.

Un planeta en el que la humanidad es un organismo gigante que vive de forma simbiótica con todos los demás elementos y seres vivos; floreciendo contamenteme ante los rayos del sol.

Una vez asentada esta visión, hago un pequeño acercamiento y me encuentro a mí mismo. Me permito sentir lo que sentiría realmente si viviera en esa realidad.

Una vez que el sentimiento comienza a resonar dentro de mí, las imágenes se desvanecen y vuelvo al momento presente, pero cargando conmigo un regalo: poder haber sentido el paraíso en la tierra.

Tengo una imaginación poderosa, un corazón lleno de amor y una mente capaz.

Antes de llegar a este método que ahora utilizo, descarté muchos escenarios posibles, en los que me planteaba cómo ayudar a los demás. Pasé por muchas ideas y planes, pero al final, me di cuenta de que todos los escenarios en los que mi meta era ayudar a los otros, tenían una gran defecto.

El triunfo de mi meta de ayudar a los otros, dependía de que alguien necesitara ayuda. 

Eso significaba que en mi visión de “lo óptimo” no había espacio para todos y/o no todos podían vivir su vida al máximo. Darme cuenta de esto fue un golpe duro, ya que me di cuenta de que mis buenas intenciones no ayudarían a nadie y sólo sería más de lo mismo, o hasta peor.

Hacer de esa meta el propósito que me llevaría a “hacer la diferencia”, no lograría nada más que inflar mi ego y darme unas palmaditas en el hombro.

Estaba ante una paradoja: si no había nadie a quien salvar, ¿cómo podría yo ser visto, ser importante o tener propósito?, y si en verdad hubiera alguien a quién ayudar, ¿cómo podía hacerlo viniendo de un lugar que no fuera el egocentrismo?

¿Cómo podría ayudar y a la vez mantener mi integridad? Fue en las profundidades de un largo ayuno donde encontré la respuesta.

Había pasado días de duelo por una pérdida importante en mi familia, y sumado a este dolor se encontraba mi preocupación por la destrucción del planeta e incluso la noción de mi propia mortalidad.

Entonces entendí realmente el significado de la frase: “Sé el cambio que quieres para el mundo”.

Comencé a preguntarme, ¿de verdad quiero un mundo en donde la gente sólo piensa en sí misma? La respuesta no sólo fue “no”, fue un no rotundo, y recordé algo que en algún momento dijo Osho: “Si todos fuéramos pintores, el mundo sería un lugar horrible”.

Me di cuenta que lo que quiero es un mundo lleno de gente libre; felices de ser quienes son.

Un mundo en donde los seres gocen de libertad e intimidad, en el que puedan ser creativos y divertirse. Un mundo lleno de gente que no cargue heridas emocionales, que sepan cómo ver y ser vistos por los demás.

No tenemos el poder de forzar un cambio permanente, pero sí el poder de ser parte de él. Nuestro estado de ser, en su totalidad, ejerce una fuerza poderosísima  que obliga nuestra realidad a ir en esa dirección.

Es por eso, que la única cosa realmente importante que me llevará a realizar esa visión, es traer ese sentimiento al aquí y ahora: permitir que el cambio comience por mi. ¿Ayudo a alguien? Me gustaría creer que sí, pero esa acción ya no me es necesaria para sentir que lo que hago es de valor.

Mi propósito es traer esa visión del planeta rehabilitado al presente. Eso es todo. Desde ese lugar soy libre, no porque sea un líder, sino porque me pongo al servicio.

Soy libre de presentarme en la forma que más se me necesite. Soy libre de ser yo mismo.

Lo curioso es, que hasta que no comencé a hacer las cosas de este modo, no me sentía realmente apoyado por la vida. Aún sentía que tenía que ir y tomar (por la fuerza) lo que quisiera; sentía que debía de hacer las cosas de un cierto modo para valer algo yo mismo.

Ahora me siento apoyado por la vida y más libre que nunca. Me siento libre de lograr cualquier cosa y esa, es la libertad que hace que todo sea posible.

Artículo original por: Paul Copper | Foto por: Broke Cagle

Mente y CuerpoCarlos Millan