Las religiones no condenan el sexo: Tres ideas que hemos malinterpretado

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Rara vez escucharás las palabras “libertad sexual” y “religión” en la misma oración. Esto se lo podríamos reprochar a San Pablo y San Agustín con sus escritos en contra del placer físico, pero la verdad es que todas las principales religiones del mundo mantienen una relación negativa con el sexo. Parece no haber algo que las religiones amen más que dictaminar con quién nos vamos a la cama y qué hacemos cuando nadie nos mira.

Como la mayoría de las personas hasta hace unas cuantas generaciones, fui criada en un hogar religioso. El Reino Unido, donde vivo, al igual muchos otros países, cuenta con un fuerte pasado religioso que aún se impregna en nuestra cultura moderna. Crecí siendo un miembro activo de mi iglesia, y casi todos en mi familia siguen siendo creyentes entusiastas. Mi crianza religiosa no fue tan mala: crecí en una gran comunidad y fui introducida a la espiritualidad y la acción social. La iglesia en la que crecí era muy festiva y gozaba de diversidad étnica (a pesar de no ser amistosa con las personas LGBT). El párroco y todos los que trabajaban ahí hacían un esfuerzo honesto para poner el ejemplo.

Sin embargo, cuando comencé mi formación en el Tantra y mi entrenamiento para ser terapeuta sexual, me di cuenta que mucho de lo que me enseñaron a temprana edad en realidad bloqueaba mi posibilidad de estar completa y ser una mujer feliz. Por mucho tiempo había cargado con culpa y vergüenza, por lo que readaptarme y lograr entrar a un lugar positivo y sin temor al sexo me tomó casi 5 años.

No importa si creciste en una cultura occidental u oriental: la religión ha establecido muchas creencias, miedos y culpas inconscientes que afectan la forma en que que vivimos la sexualidad. Son pensamientos colectivos implantados de manera tan fuerte en nuestra cultura que nos afecta sin si somos creyentes o no.

Pero en el fondo, todas las creencias espirituales, ya sean cristianas, tántricas, musulmanas, taoístas, de cualquier parte del mundo, tienen una visión positiva del sexo en su interpretación original: han sido las autoridades religiosas las que han inventado reglas para mantener a una comunidad de creyentes infeliz y obediente, Pero estas reglas no tienen nada que ver con el mensaje de amor y aceptación universal que toda forma de presencia divina utilizaría siempre para dirigirse a ti, a tu cuerpo y a todos los aspectos de lo que eres, amas y deseas en el mundo.

No necesitamos renunciar a una fe si tenemos una; solamente comenzar a pensar que nuestro cuerpo es algo sagrado precisamente porque Dios fue quien nos lo dio, para usarlo en completa libertad, completa aceptación y completo amor por lo que somos.

Si la religión forma parte de tu vida, pero quieres vivirla de una forma que no te haga sentir culpable, aquí están las 3 mentiras sobre el sexo que posiblemente estén bloqueando tu camino de felicidad y sanación :

 

1. Si nos gusta el sexo, entonces no somos buenas personas

Algunas autoridades religiosas intentan convencernos de que nuestro comportamiento moral está conectado al número de personas con las que hemos tenido sexo. ¿No es eso absurdo?

El sexólogo Marty Klein escribió un gran libro sobre la guerra de Norteamérica contra el sexo. En resumen, dice que la religión nos enseña que ella es la verdadera autoridad moral y puede dictaminar qué comportamiento es inmoral o no.

Pero ¿desde cuándo la moralidad de tu persona tiene que ver con un sano ejercicio del sexo?

Yo consideraría más importante cuestionar cómo tratamos a los demás y qué tanto demostramos bondad, no con quién nos vamos a la cama y que tan seguido lo hacemos. Nada de lo que pase entre dos adultos con total consentimiento tiene que ver con nuestro valor como personas.

 

2. Tenemos que esperar mucho antes de poder tener sexo con una persona que nos gusta y que nos trata bien

De nuevo, algunas figuras conservadoras de la religión nos enseñan que el sexo sólo puede llevarse a cabo entre parejas casadas. Nos enseña que si realmente amamos a alguien, esperaremos. Pero la verdad es que la pareja que elijas y el momento de la relación en que decidan irse a la cama es completamente personal. Si quieres esperar hasta realmente conocer a alguien con quien te sientas muy identificado para relacionarte con él o ella en formas sexual, es un acto bello y se respeta. La decisión de compartir tu cuerpo está completamente en tus manos, ya sea después de meses o después de la primera cita.

Pero, por favor, desechemos esa idea de que el sexo sólo puede praticarse con una persona a la que conoces por completo. Desechemos la idea de que vales menos si te prestas a tener sexo con alguien antes de ser formalmente una pareja.

La sabiduría más importante con la que cuentas es la de tu cuerpo y la de tu corazón. Si pasar tiempo con una persona te hace feliz, si te sientes atraída hacia ella, y todo tu cuerpo te está diciendo que deseas disfrutar del placer sexual en su compañía, no dejes que nada te detenga.

Los juicios que hacemos sobre nosotros mismos son los que más nos afectan: nos hacen sentir incompletos y nos privan de vivir de acuerdo a lo que nuestras emociones, nuestro cuerpo y nuestra alma realmente desean.

 

3. El sexo es impuro, menos valiosos que otras experiencias de la vida

Existen estrellas de Disney que usan anillos de castidad, personas que se enorgullecen de llegar vírgenes al matrimonio aunque después nunca disfruten de una sexualidad plena con su pareja, e innumerables libros y artículos que celebran la abstinencia como forma de mantenerse puro.

Según esta lógica, abstenerte del sexo te vuelve casto y limpio, porque el sexo es algo sucio y mancillado. Este mensaje ha sido filtrado a cada aspecto de nuestra cultura.

Si uno navega por sitios web sobre abstinencia que comparan a la persona que “entregó la dignidad de su cuerpo” con una goma de mascar masticada: ¿qué clase de mensaje es ese para nuestro yo interno? ¿Por qué tratarnos con tanta violencia sólo por escuchar una parte natural de lo que somos y lo que sentimos?

Las páginas web, artículos, libros, personas que hablan siempre en contra de permitirnos el placer no sólo se refieren al sexo entre pareja, también a la masturbación y el sexo oral.

La mayoría de las religiones –a pesar de incentivar el sexo heterosexual en parejas casadas– aún predican el mensaje de la suciedad inherente en el acto sexual. Este mensaje peligroso hace raíz en nuestro subconsciente, y afecta nuestras experiencias en la cama, y por supuesto, también nuestra capacidad para construir relaciones de pareja profundas, libres y significativas.

Es imposible construir una vida en pareja plena, en la que podamos amar y aceptar incondicionalmente a otra persona, si no comenzamos por amar y aceptar incondicionalmente cada parte de lo que somos.

El sexo es una parte, tan valiosa y bella como cualquier otra, de nuestra dimensión humana. Es parte también de todas las posibilidades maravillosas que tenemos para disfrutar del mundo e interactuar con personas que nos hagan crecer y aprender más sobre nosotros mismos.

Si Dios nos dio cuerpos capaces de experimentar una gran cantidad de placer, ¿por qué habría eso de ser considerado impuro? No necesitas eliminar la religión de tu vida, sólo basta filtrar cuidadosamente el mensaje que te dan sobre tu cuerpo, sobre las relaciones y sobre tu sexualidad.

Si una parte de esta vida nos atrae con tanta fuerza como lo hace la sexualidad con todos nosotros, y nos permite vivir experiencias de crecimiento y expansión junto a personas que nos traten con respeto, ¿por qué deberíamos negarnos a disfrutar de ello?

Artículo adaptado por Carlos Millán del original en inglés por Lucy Rowett | Foto por Ian Espinosa